jueves, 10 de junio de 2010

Licenciada en Literatura y Lengua Española vs. Psicóloga

Mi profesora de español dijo una vez que la señal más obvia de la vejez es cuando uno niega haber sido de cierta forma. “Yo me acuerdo que YO no era así cuando tenía 12 años”; frase totalmente perteneciente a una persona eminentemente “vieja”, según mi profesora de español.
Una vez hice un test que medía la edad biológica, psicológica y física de las personas y, según ese test, tengo 15 años biológicamente, 36 años psicológicamente y 24 años físicamente. Digamos que tengo 36 años (que en realidad es el doble de mi edad real) y a partir de ésto, ya estoy “vieja”. Yo sé que yo no era como los niños libertinos que están ahora en 6to. Grado, también sé que jamás tuve una mente tan pervertida como los niños de ahora, tampoco jugué al suicidio. Entonces, todo ésto que pienso de las nuevas generaciones me hace una persona de más o menos 43 años, según mi profesora de español.
Últimamente no puedo lograr soportar a personas entre los 10 y 14 años, más porque, en donde yo vivo, sólo niños de esas edades viven. Lo que me ha llevado a la desesperación y al borde del colapso temperamental es que estos niños son molestos. Uno de ellos se pasea en su bicicleta con su campanita “ring-ring” de 3 a 6 p.m. todos los días. Otro grita como si estuviera realmente poseído por el diablo, tal vez ese es mi vecino favorito por raro que se vea. Él es lo suficientemente raro para llamarme la atención, se sale del contexto de puberto. Es el que se rebela constantemente, golpea a su mamá y a sus abuelos, grita sin motivo alguno, dice más malas palabras en diez segundos que yo en todo el mes, corre sin parar a lo largo de la calle una y otra vez, golpea la puerta de su casa para que le abran (no tiene timbre la casa y por lo visto es incapaz de girar la chapa) y, lo más impresionante, es que parece ser el líder del clan de pubertos de la colonia; sin importar que los trate de “imbéciles” o de “estúpidos”.
Por otro lado, tengo un vecino que al parecer sólo es mi vecino, sólo yo tengo contacto meramente directo con él. Ya es un adulto pero tiene una voz peor que la del puberto que antes mencioné, habla por teléfono en el jardín, hace parrilladas 2 veces por semana, juega con la hija todas las tardes y, lo peor de todo, es que no puede hacerlo en silencio, sino tiene la necesidad de distorsionar la línea de mi día con gritar.
Los restantes miembros del clan de pubertos son todos iguales, insoportables y, según ellos, lo suficientemente grande y “malos”.
Sólo con lo que ya conté de mis vecinos, los pubertos, ya tengo 50 años, según mi profesora de español.
Pero, desde hace 3 o 4 semanas, los pubertos se han encargado de hacer que los odie. Tocan el timbre, por lo menos 4 veces, y salen corriendo; como si no supieran que puedo perfectamente escuchar cuando salen en estampida a esconderse. Cada vez que tocan el timbre de mi casa, la cólera me invade el sistema nervioso, pero por algún motivo me calmo en cuestión de segundos, sé que el karma los atacará.
Después de ya un mes de soportar que toquen el timbre y salgan corriendo, que tiren bolsas con agua y que dejen envoltorios de galletas en mi parqueo, ya es momento de explotar. Según ésto ya tendría 120 años, según mi profesora de español.
Exactamente el timbre queda a la par de un baño, sería el lugar perfecto para, en algún momento, los asuste. He pensado tantas formas de obstaculizarles su crecimiento hormonal, por ejemplo:

1) El día que toquen el timbre y de verdad me ponga histérica, manipularé el karma, iré a tocar timbre por timbre de las casas de cada puberto, hablaré con cada padre de familia y les diré, exageradamente, lo mucho que interfieren sus “angelicales” hijos en mi vida.
2) Esperar un día junto a la puerta y, cuando toquen el timbre, abrirla de golpe, seguramente acabaré dándoles una taquicardia.
3) Simplemente un día, que toquen el timbre, salir de la casa, relatarles la vida, el testamento y el funeral y regresar felizmente a mi casa, lista para las consecuencias.

Según mi profesora de psicología, el ser humano tiene sus etapas (Psicología Individual y Neo-psicología). Se refiere a que cuando el humano es un infante, tiene una tendencia a ser agresivo y vengativo, tanto así que si alguien le pega, el infante querrá hasta matarlo o simplemente vengarse, eso es parte de ser infante...y eso sí que lo sentí.
Entonces, si mi profesora de español concluye que tengo 120 años por estar tan molesta con las nuevas generaciones y estoy “consciente” que yo no fui así aunque, según ella, si fui así, y mi profesora de psicología concluye que a los 5 años el humano es vengativo, es simple matemática.

¿Cuántos años le tengo que restar a 120 años para que sean 5 años?
x = 120-5
x = 115

Y así, señoras y señores, concluyo que mi profesora de español tiene un margen de de error de +115 al decir que esos pensamientos de insatisfacción y negación de nuestra pubertad son señales de vejez.

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